Historia

Entre los siglos XIV y XVI, Italia no era una unidad política, fragmentada en múltiples estados. En el norte existían las ciudades estado como la República de Venecia, la República de Florencia o la República de Génova. En torno a la ciudad de Roma los Estados Pontificios, y al sur el Reino de Nápoles, posteriormente conformante de la Corona de Aragón y por tanto de la Monarquía Hispánica.

Dada su fragmentación, fue escenario de los intereses de las potencias europeas durante los siglos XVI, XVII y XVIII, tales como las Guerras italianas, la Guerra de Sucesión Española, el conflicto hispano-austríaco por las posesiones napolitanas, así como de las guerras revolucionarias francesas y napoleónicas. Aún hubo conflictos durante la primera mitad del siglo XIX, siglo en el que apareció el sentimiento nacionalista italiano que desembocará en la Unificación de Italia, materializada el 17 de marzo de 1861, cuando los estados de la península itálica y las Dos Sicilias se unieron formando el Reino de Italia, el cual sería organizado por el monarca Víctor Manuel II, de la dinastía Saboya, hasta entonces gobernante en Piamonte y rey de Cerdeña. El artífice de la unificación italiana, sin embargo, fue el Conde Camillo Benso di Cavour, el ministro en jefe del rey. Roma, por su parte, se mantuvo separada del resto de Italia bajo el mando del Papa y no fue parte del reino de Italia hasta el 20 de septiembre de 1870, fecha final de la unificación italiana, luego fue hecho un plebiscito en el cual se eligió a Roma como la capital de dicho Reino. El Vaticano es un enclave independiente, rodeado completamente por Italia, al igual que San Marino.

La dictadura fascista de Benito Mussolini ocurrida en 1922 llevó a Italia a una alianza con la Alemania nazi y el Imperio del Japón, lo que la condujo a la derrota de Italia tras la Segunda Guerra Mundial. Durante el transcurso de esta guerra y en los años posteriores, miles de italianos emigraron fuera del país teniendo como destino principalmente América, Francia y Alemania.

El 2 de junio de 1946, un referéndum sobre la monarquía estableció la república como sistema de gobierno italiano, adoptando el país una nueva constitución el 1 de enero de 1948. Los miembros de la familia real fueron llevados al exilio, por su relación con el régimen fascista, hasta el 10 de noviembre de 2003, cuando pudieron regresar a Italia gracias a la modificación de la constitución por el parlamento italiano.

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